Tenía esto un poco abandonado, y de hecho no era mi intención renovar hoy, ni siquiera con este fotógrafo, que como tantos participes de la historia de la fotografía, aun no he incluido por aquí, pero la actualidad manda.Ayer se nos marchó el fotógrafo neoyorquino Irving Penn, se nos fue con 92 años de edad y con mucho cayo en el dedo de tanto darle al disparador.
Penn revolucionó la iconografía de la moda a mediados del siglo XX, unió arte, publicidad y vanguardia en un mismo coctel para servirlo en el más puro sentido comercial, fue discípulo del gran Alexey Brodovitch y sirvió de referente para otros como Richard Avedon o el mismo Mario Testino.
Uno de los aspectos fundamentales en la fotografía de Penn fue la utilización de esos contrastes de blanco y negro así como la descontextualización de los retratados, los cuales perdían su identidad para convertirse en objetos.
Una de las frases que pasaran a la historia de la fotografía salió de su propia boca, asegurando que “fotografiar un pastel también puede ser arte”
Sus obras, hoy en día, se exhiben en los principales museos del mundo, incluidos el MOMA.
Así pues despedimos al primer fotógrafo moderno de la historia, seguro que allá donde vaya estará esperándole su mujer Lisa Fonssagrives, a quién tanto fotografío, y tanto quiso.
Arriba la archiconocida fotografía de Pablo Picasso, entre otras.


Bueno, la noticia no es nueva, de hecho nos sorprendió la semana pasada en la cabecera de casi todos los noticieros. La fotógrafa inglesa Corinne Day ha puesto a la venta unas instantáneas no publicadas de la modelo Kate Moss, que la fotógrafa le hizo a esta cuando tenía tan sólo quince años. De hecho, Corinne, entre otras muchas cosas es conocida por haber descubierto a la celebre modelo inglesa.




En este blog puede colaborar todo el que quiera, como ejemplo el de una buena amiga mía que aun no he tenido el placer de conocer, que me habló de este fotógrafo, muchos considerareis un insulto mi ignorancia, pero rectificar es de sabios, y informarme sobre él y ojear su obra, allá va esta entrada.




Enfrentarse a pecho descubierto a la obra de García – Alix es casi un suicidio, sus fotografías están llenas de emotividad y dotadas de una fuerza lejos de lo que estamos acostumbrados. La sensación de absoluta desolación que nos entra al contemplar su obra se debe a la invitación, ingenuamente aceptada, para ser testigo de su vida, una vida dura y marcada por la perdida de amigos y familiares, aunque bien es cierto, que para él desde el momento que retrata está fotografiando cadáveres.


